martes, 20 de julio de 2010

Locura

Me encontré a mi mismo sonriendo a cientos de caras, rostros perdidos en un mar de recuerdos borrosos como el cristal de una botella vacía. Amigos quizá, conocidos algunos, sinceros ninguno. Soledad entre montones de seres gregarios, vacío en la inmensidad del todo, fúria en el reposo... Lancé mi copa de champagne, probablemente uno de los más caros que existen, y todas esas caras marchitas se volvieron hacia mí. No tenía ganas de responder, de decir por qué había echo aquello, por qué no podía soportar su mera existencia, vacía de todo significado... Eran la élite, el todo, una oligarquia completa se extendía ante mí, obviando por un momento que ninguno de ellos merecía ser denominado "mejor", pero lo unico que veía era: "somos la élite, el todo, era parte de toda una oligarquía completa." Y el recuerdo de cómo había acabado allí me envenenó la mente, como un hechizo, como un sortilegio convocado por una de esas sombras sin rostro. Sin mediar palabra, aparté a empujones el cerco que se había formado a mi alrededor. Yo era consciente que ninguno de ellos se había percatado de su miseria interior y que nunca lo harían. Pobres cascarones vacíos sin una pizca de alma, yo no quería ser como ellos así que abandoné la estancia. Una señora murmuró a su marido.

- Se vuelto loco.

Sonreí.

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