jueves, 20 de enero de 2011

Destino (1): Maddie, la chica de la senda infinita.

Maddie caminaba por una acera estrecha y llena de personas que se deslizaban a un ritmo vertiginoso, rodeándola y golpeándola en ocasiones. No tenía rumbo, ni destino. Sus pasos no tenían dueño, pero si fuerza y pasión. Maddie no sabía donde iba, pero sabía que iba a llegar. Su cabeza era un hervidero de gente, de hipócritas, de susurros de promesas incumplidas... Pero ella no quería que se fuesen, era lo único que le quedaba. Mientras su respiración se perdía en un mar de espíritus etéreos se preguntó una cosa, una sola cosa:

"¿Qué quieres?"

No supo responder. La ciudad se abalanzó con su manto nocturno, festivo y a la vez iluminado, y Maddie siguió igual, caminando en una dirección infinita. Se sentó en un banco y observó la gente pasar. Jóvenes, viejos, altos, bajos... todos con un motivo, una aura y un destino del que ella parecía carecer. De repente, su mente se calló y de ella surgió un grito mudo que no supo entender, sin embargo, supo que ese era el lugar... Ahí estaba su destino, en esa ciudad, cerca de allí, esperándola. Echó a andar otra vez por las frías calles de asfalto, cimiento gris y negro como el corazón de un artista sin alma, pero en ese vacío de silencio sepulcral vio una pequeña chispa, casi por casualidad, y por pequeña que fuese, la cegó con su brillo. Entonces lo vio claro, esa chispa tenía que ser su destino. Echó a correr por la acera y...

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